En el corazón del alojamiento se conserva una joya singular: una sala decorada con pinturas murales de gran valor histórico y artístico, cuya autoría se remonta posiblemente al siglo XVIII. Sus paredes y techos lucen delicados motivos ornamentales, ejecutados con una maestría que ha resistido el paso del tiempo y que hoy puede admirarse tras una cuidadosa restauración.
Los tonos dorados, ocres y verdes, junto a la carpintería original, crean un ambiente cálido y majestuoso que invita al silencio y la contemplación. La estancia, normalmente cerrada al público para su preservación, puede abrirse en ocasiones especiales, como celebraciones íntimas, reuniones familiares o eventos culturales.








